El pasado sábado 5 de octubre hice una excursión por un
robledal en Liendo y allí encontré algo
sorprendente. Entre la hojarasca del suelo me llamó la atención algo de color
rojizo que sobresalía ligeramente sobre las hojas secas. Me acerqué y pude
comprobar que se trataba de una seta.
De momento, me fije que era
una seta bastante grande, su sombrero tendría un diámetro de unos 12 o 15
centímetros, y enseguida me di cuenta de que no tenía laminillas, sino poros en
la cara inferior del sombrero.
Yo sé que estos poros son la
salida de unos tubos que tiene la seta en el interior del sombreo y quise ver
cómo era su estructura y si por dentro también habían cambiado de color. Así
que, cogí una navaja y le di un corte longitudinal a la seta.
¡¡Allí llegó mi sorpresa!!
Con gran asombro pude ver ante mis ojos cómo, en unos momentos, toda la seta
cambió de color en la zona donde le había dado el corte pasando rápidamente de
los iniciales tonos blancos y naranjas a un intenso azul oscuro.
Este hecho me hizo
investigar sobre esta seta y loque le pasaba y he averiguado varias cosas.
Por una parte, con ayuda de
unas guías de campo, he podido averiguar la especie de la que se trataba. Era
un boleto de Quélet (Boletus queletii),
una seta comestible que tiene como característica estos cambios de color cuando
se le roza o corta.
Por otra parte, he intentado
averiguar por qué se producen estos cambios de color y he llegado a esta
conclusión: Esto se produce porque esta seta es sensible a la reacción con el
oxígeno del aire. Cuando se rompe su cutícula, bien por un corte o por un
simple roce, la carne de la seta entra en contacto con el oxígeno del aire, que
es un oxidante natural.
El oxígeno actúa como
reactivo que hace que toda la parte de la seta que queda en contacto con él se
oxide y, en consecuencia, cambie de color, poniéndose azul.